¿Llegó la hora de recuperar el rumbo de la DGSPyT?
Delfino Mora Ortega, un nombre que vuelve a mover las aguas dentro de la Policía Estatal

Algo comienza a moverse al interior de la Policía Estatal. Entre pasillos de Palacio de Gobierno y Secretaría General de Gobierno, ha comenzado a circular con fuerza un nombre que para muchos policías representa experiencia, conocimiento de la institución y una forma distinta de ejercer el mando: Delfino Mora Ortega.
Las versiones que lo colocan como posible relevo al frente de la Dirección General de Seguridad Pública y Tránsito han generado expectativa entre sectores de la tropa que desde hace tiempo reclaman un cambio de rumbo. Y no se trata únicamente de cambiar un nombre en una oficina.
Se trata de preguntarse qué ocurrió con una Dirección General que históricamente ha representado una de las estructuras operativas más importantes de la Secretaría de Seguridad del Estado de México.
Durante años, la DGSPyT fue referencia de mando, territorio, disciplina y operación. Sin embargo, dentro de la propia corporación existen voces que consideran que en los últimos tiempos perdió presencia frente a otras áreas de la Secretaría y, sobre todo, cercanía con quienes diariamente realizan el trabajo policial en las calles.
Por eso el nombre de Delfino Mora genera conversación.

¿Quién es Delfino Mora Ortega?
No es un improvisado dentro de la Policía Estatal. Su trayectoria ha transcurrido dentro de estructuras operativas y cargos de mando, circunstancia que le ha permitido conocer de primera mano la dinámica de regiones, agrupamientos y personal.
Quienes respaldan su llegada destacan precisamente eso: que conoce a la tropa, sabe lo que significa mandar desde territorio y entiende que detrás de cada estadística existen policías que enfrentan jornadas, necesidades de equipo, combustible, vehículos y condiciones operativas que difícilmente pueden conocerse únicamente desde un escritorio.
Por supuesto, alrededor de su trayectoria también han existido señalamientos y versiones críticas. Y ahí debe hacerse una diferencia fundamental: una cosa son los rumores que inevitablemente acompañan a quienes han ocupado puestos de mando durante muchos años y otra muy distinta son responsabilidades acreditadas mediante investigaciones y resoluciones oficiales.

¿Qué pasó con la Dirección General?
Tal vez esa sea la pregunta verdaderamente incómoda. Porque más allá de nombres y afinidades personales, existe entre algunos integrantes de la corporación una percepción que merece ser escuchada: que la Dirección General de Seguridad Pública y Tránsito necesita recuperar peso operativo.
La actual conducción encabezada por Eduardo Pico Gallegos también tendrá que ser valorada por sus resultados. No por amistades, no por grupos, no por rumores, sino por resultados.
• ¿Cuánto fortaleció a las regiones?
• ¿Cuánto mejoraron las condiciones operativas?
• ¿Cuánto respaldo recibió la tropa?
• ¿Existieron suficientes recursos para combustible, mantenimiento y operación?
• ¿Las decisiones administrativas fortalecieron a los agrupamientos o incrementaron la presión sobre quienes trabajan diariamente en territorio?
• ¿La Dirección General recuperó protagonismo operativo o terminó cediendo espacio frente a otras estructuras de la propia Secretaría?
Esas son las preguntas que deberían responderse. Porque dentro de una institución policial los resultados no se miden únicamente por ceremonias, reuniones o fotografías.
• Se miden en territorio.
• Se miden en capacidad de reacción.
• Se miden en vehículos funcionando.
• Se miden en policías respaldados.
• Se miden en mandos presentes.
• Y se miden, principalmente, en confianza.
La tropa también tiene memoria
Dentro de cualquier corporación existe algo que difícilmente aparece en los informes oficiales: la memoria de quienes están abajo.
Los policías recuerdan quién los escuchó. Quién salió con ellos. Quién resolvió problemas. Quién apareció solamente para la fotografía. Y también recuerdan quién, una vez alcanzado determinado cargo, pareció alejarse de quienes anteriormente habían formado parte de su camino.
Por ello, cualquier relevo dentro de la Dirección General tendría que representar mucho más que un movimiento. Tendría que significar una reconstrucción de confianza.
Durante meses han circulado entre elementos diversos comentarios sobre cuotas, combustible, vehículos, rentas y otras cargas internas. Lo que no debería suceder es normalizar que este tipo de versiones formen parte permanente de la vida cotidiana de una corporación policial. La transparencia también fortalece al mando.
Delfino Mora: ¿el regreso del mando operativo?
Por eso la llegada de Delfino Mora Ortega despierta expectativa entre algunos sectores.
No porque un solo hombre pueda resolver todos los problemas de una institución de esta magnitud. Tampoco porque deba otorgársele un cheque en blanco. Todo mando debe ser evaluado.
Pero su trayectoria operativa abre inevitablemente una pregunta: ¿representaría su llegada el regreso de una Dirección General más cercana al territorio y a sus policías?
Eso solamente podría responderlo el tiempo y, principalmente, los resultados. Al recibir esa responsabilidad, tendrá también una enorme obligación: demostrar que la expectativa generada entre parte de la tropa está respaldada por trabajo, disciplina, transparencia y resultados.
Porque conocer la institución no basta. Tener antigüedad no basta. Tener liderazgo tampoco basta. Un Director General debe demostrar que puede administrar recursos, conducir operaciones, respetar a sus elementos, enfrentar irregularidades y responder institucionalmente ante la Secretaría y ante la ciudadanía.
No se trata de quién sale; se trata de lo que viene
Quizá la discusión sobre Eduardo Pico Gallegos pronto deje de ser relevante. Todo mando es temporal. Los cargos terminan. Las estructuras permanecen.
Por eso, más que celebrar la salida de una persona, la Policía Estatal debería preguntarse qué Dirección General quiere para los próximos años: una Dirección fuerte, operativa, presente, con disciplina, con mando, pero también con sensibilidad hacia quienes diariamente portan el uniforme.
La Dirección General de Seguridad Pública y Tránsito necesita volver a caminar junto a sus policías. Necesita escuchar nuevamente a sus regiones. Necesita recuperar presencia. Necesita recuperar identidad. Y, sobre todo, necesita recuperar confianza.
Delfino Mora Ortega llega para encabezar decisiones institucionales que deberán formalizarse por los canales correspondientes. Pero el mensaje que comienza a escucharse desde algunos sectores de la tropa parece ser otro: ya no quieren solamente un cambio de nombre.
Quieren un cambio de rumbo.
Porque la DGSPyT no necesita vivir de lo que alguna vez fue. Necesita demostrar nuevamente lo que puede llegar a ser.